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Justificación e interés de la propuesta 

¿Es cierto que, producto del ser humano, el mito nace, crece, se reproduce y muere? Una investigación puede aplicarse a cada una de las etapas de esta serie. Sin duda los mitos nacen, crecen y se reproducen. En este congreso queremos analizar si ―en nuestra época (s. XX y XXI)― mueren o se adaptan, es decir, queremos definir las condiciones de adaptación de los mitos, su evolución y discernir si sus crisis pueden acarrear resurgimiento o muerte.

 

Varias circunstancias explican que los mitos entren en crisis.

 

En ocasiones el entorno sociocultural se modifica hasta exigir una modificación en el contexto general del mito. Así, el ángel tradicional de la cultura occidental sigue siendo mensajero y colaborador de los hombres, pero sustituye las características propias del ángel cristiano por otras de nuestra época: los ángeles actuales son seres sexuados, en plena sintonía con el fenómeno de la Nueva Era (New Age) y particularmente vinculados a una dimensión estética.

 

Otro tanto cabe decir, por ejemplo, del mito del Grial, cáliz eucarístico por antonomasia: ante la crisis actual del sacramento que da la inmortalidad del alma, el vaso sagrado se convierte en garante de una inmortalidad exclusivamente terrenal, en remedio contra las heridas físicas, en una excusa para buscar al padre perdido (Steven Spielberg, Indiana Jones and the Last Crusade, 1989) o, incluso, para obtener una cátedra UNESCO de crítica literaria (David Lodge, Small World: An AcademicRomance, 1984).

 

Los mitos también pueden entrar en crisis debido a un cambio sustancial en su entorno histórico. Baste tomar el ejemplo del Comendador en el mito de Don Juan: hoy ya no hay comendadores. A este problema se añade la pérdida de verosimilitud de una estatua que se mueve, atracción de primer orden en el siglo XVII. Max Frisch (Don Juan, oder die Liebe der Geometrie, 1953), Henry de Montherlant (La Mort qui fait le trottoir. Don Juan, 1956) o Heinz Weinmann (Don Juan 2003. Éros et Sida, 1993) resuelven, cada uno a su manera, la problemática del Comendador en la literatura del siglo XX. Este mito es además eminentemente dramatúrgico; convendría estudiar cómo le afecta la crisis del teatro frente a la aparición del cine.

 

Puede ocurrir, incluso, que la crisis sea un aspecto inherente al sistema mítico. Piénsese en el mito por excelencia de la creación humana: Pigmalión. En las Metamorfosis de Ovidio, el escultor observa, asombrado, cómo su estatua de marfil se ablanda hasta adoptar el cuerpo flexible de una mujer. En la pieza de Bernard Shaw (Pygmalion, 1913), el profesor Higgins logra instruir a la florista Eliza Doolitle, no sin atravesar por la crisis del amor. Las diferentes versiones cinematográficas (Pygmalion, 1938, de Anthony Asquith y Leslie Howard, el musical My Fair Lady, 1964, de George Cukor, y Simone, 2002, de Andrew Nicol), cargan las tintas sobre la imposibilidad de este amor. En buena medida, el mito ovidiano ha sido olvidado; el mito se ha adaptado a la concepción contemporánea del amor.

 

Un mito íntimamente relacionado con el de Pigmalión es el de Frankenstein, es decir, el del doctor que fabrica hombres. Había surgido en la literatura gracias a Frankenstein, or the Modern Prometheus de Mary Shelley (1818). En nuestro tiempo recibe decenas de adaptaciones cinematográficas; en muchas de ellas vemos a un héroe presa de su destino: el monstruo no puede sobrevivir a su creador (por ej., Frankenstein,1994, de Kenneth Branagh). Con semejantes aporías se enfrentan otros tipos de creación contemporánea, como el cíborg o el androide: su inviabilidad les hace entrar, tarde o temprano, en crisis (ej. Michael Jackson).

 

En fin, la crisis puede afectar a un determinado grupo de mitos dentro de un sistema mítico determinado. Los germanos no creían en la eternidad del mundo ni, por tanto, en la de sus dioses. Como los hombres, sus divinidades estaban sometidas a una lucha incesante contra enemigos astutos y envidiosos. El “crepúsculo de los dioses” supone así una catástrofe a la que no escapan Freyr, Thor, Loki o Tyr. Otros les sustituyen. En este caso, la crisis no es propiamente literaria, al contrario, la muerte y el resurgimiento de los dioses hacen la literatura, son recursos plenamente literarios. Pero esta dinámica del mito germánico conlleva una serie de implicaciones sobre sus manifestaciones en la cultura actual, tan extraña al concepto de eternidad.

 

Al margen de la problemática de los mitos en crisis, se encuentra otra: la crisisdel mito. Esta es particularmente notoria en los siglos XX y XXI, donde los mitos ya no son los motivos principales de la trama ―como en los siglos clásicos― ni sus complementos ideales ―como en el Romanticismo ―. Un ejemplo palmario: siguiendo a Claude Simon, el Nouveau Roman rechaza la dimensión mítica para destruir las bases de la novela tradicional. Los mitos, en principio, desaparecen. Conviene precisar, no obstante, que la Nueva Novela deja simultáneamente que el mito reaparezca como “a escondidas” y entre velos a través de recursos como las formas geométricas o la conjunción de contrarios. Para comprobarlo, basta pensar en las recreaciones del mito de Edipo en Les Gommes, de Alain Robbe-Grillet (1953) o de Teseo y el laberinto de Creta en L’Emploi du temps, de Michel Butor (1956).

 

Estos no son más que unos ejemplos de la problemática en torno a los “mitos en crisis, la crisis del mito”. Cada propuesta se podrá abordar con plena libertad académica y metodológica. Solo se exigirá el respeto de la época (siglos XX y XXI), la disciplina (la literatura, las artes plásticas y del espectáculo) y el mito como tema central de cada estudio.

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